RAFFINATA: LA BUONA CUSINA

APOSTANDO POR SABORES MUY ORIGINALES ADEMÁS DE MATERIAS PRIMAS E INSUMOS DEL MÁS ALTO ESTÁNDAR RAFFINATA SE HA TRANSFORMADO EN SINÓNIMO DE CALIDAD EN CUANTO A PASTAS FRESCAS SE REFIERE. PERO ESO NO ES TODO, SALSAS, EMPANADAS Y OTRAS DELICIAS SE PUEDEN ENCONTRAR TAMBIÉN EN SU RECIENTEMENTE ABIERTA SALA DE VENTAS EN SAN PEDRO DE LA PAZ.

Sabores audaces y propuestas creativas son los elementos que dan sello y caracterizan a Raffinata. Se trata del emprendimiento de Marcela Iglesias, quien tras más de 20 años a cargo del recordado Bar Restaurant Diagonal, cercano a plaza Perú, giró un poco el timón del buque y buscó un nuevo destino con olor a Italia.

Todo comenzó cuando las cosas en el sector de su restaurante comenzaron a cambiar. Otro ambiente, otro público, otros vecinos y otra forma de comer y consumir. En ese momento decidió hacer pastas frescas y empanadas por su propia cuenta para abastecer primeramente a su local. Pero caracterizada siempre por la calidad de sus productos y servicio, no pasó mucho tiempo para que un dueño de restaurante se interesara en sus recetas y así, lo que parecía ser algo personal, se transformó en un próspero emprendimiento paralelo.

“Cuando empezaron a trabajar en la rambla yo pensé que esto iba a ser un desastre entonces comencé a inventar cosas porque iba a bajar la clientela, no había donde estacionarse, etc. Yo compraba algunas pastas y empanadas para el local, pero decidí comenzar a autoabastecerme para marcar una diferencia. Así la gente me empezó a conocer y a preguntar de adonde venían las pastas y partió la rueda”, comenta la creadora.

La vecina de Andalué empezó a ser requerida por más y más clientes. Restaurantes reconocidos como Jazz u hoteles de la talla del Ibis, Diego de Almagro o Sonesta, rápidamente supieron de sus preparaciones y también comenzaron a pedir. Marcela preparaba, envasaba y repartía y todo esto ocurría mientras ella seguía en el Café Diagonal, pero cada vez más insegura y molesta con lo que ocurría a su alrededor.

“Lo que estaba haciendo con las pastas me gustaba mucho y tenía éxito. El ambiente en la diagonal había cambiado, el perfil de cliente era también muy diferente al cual yo apuntaba así que finalmente, hace un año y medio atrás decidí cerrar el restobar y dedicarme exclusivamente a Raffinata y puedo decir con seguridad que no fue un error”, agrega Marcela.

Tras tomar esta opción, compró una casa junto a su marido en el sector de Villa San Pedro para transformarla sólo en fábrica. Pero no pasó mucho tiempo para que personas y no restaurantes u hoteles comenzaran a pedir las pastas para llevar a sus casas , por lo que tuvo que agregar una sala de ventas para satisfacer la demanda de los particulares y espera que esta siga creciendo.

FACTOR SORPRESA

Esta vez no usaremos el típico cliché del viaje a Italia a través de los sentidos, porque Raffinata no es tradicional, no es lo típico y definitivamente no es cliché. Se trata de sabores atrevidos y sofisticados, poco comunes, originales y en casos únicos.

Tomando consejos de amigos chef, de conocidos italianos y de comensales de todo estilo, Marcela fue mejorando su técnica y dando vida a creaciones sin parangón que deleitan partiendo por la vista.

“Estuve con gente que había trabajado en restaurantes de pasta, con chefs amigos que conocí en esos 22 años con el restobar y comensales que invitaba a probar lo que iba preparando para que me criticaran. Así obtuve recetas y consejos de uno y otro lado y las fui mejorando ”.

Marcela apostó por hacer cosas innovadoras, con sabores poco frecuentes e ingredientes premium.

“Hacemos pasta pero con cosas diferentes, no la típica que se come siempre, sino que buscamos inventar y renovar un poco, usar ingredientes como las avellanas tostadas, el sésamo, los quesos de cabra, la jaiba, el loco, las alcachofas, el salmón, el jamón serrano o el queso crema, por dar algunos ejemplos”,

Ravioles, sorrentinos, canelones, lasagnas, gnoccis, fettuccini, spaghetti adornan los mostradores y cocinas de Raffinata junto con sus deliciosas empanadas para freír u hornear. Pero eso no es todo pues Marcela y su equipo también elaboran exquisitas salsas para bañar las pastas.

“Son productos que se trabajan, se hacen y se congelan. Tienen una duración de cuatro meses. Trabajamos pastas especiadas también, como la con semillas y aceite de sésamo, lo que le da mucho aroma que se pueden mezclar con jamón serrano y avellanas, por ejemplo. Eso buscamos, hacer cosas completamente diferentes y sorprender”, comenta Marcela

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