CRUDOS VALDIVIA: CALIDAD, CERCANÍA Y FAMILIA

SABOR SUREÑO POR EXCELENCIA

La tradición alemana tiene un fuerte arraigo en el sur de nuestro país y Concepción no es la excepción. Parte de esa cultura llegada con los colonos germanos entre fines del siglo XIX y mediados del XX se expresa con gran fuerza en su gastronomía, que cuenta con incontables adeptos.

Una de las delicias surgidas en la antigua tierra de los bávaros es sin duda el crudo (o tártaro) que logró un posicionarse como un favorito en la austral ciudad de Valdivia, que se denomina como la capital de esta preparación. Sin embargo, en nuestro San Pedro de la Paz, hay un restaurante que precisamente tomó el nombre de Valdivia y no tiene nada que envidiarle a los más famosos comedores de la localidad bañada por el Calle Calle.

Ricardo y Patricio Ramírez Aravena, junto a su padre, son los hombres detrás de Crudos Valdivia, negocio que en 2008 le compraron a un amigo de la familia que había iniciado el restaurante un par de años antes. Apostaron por los sabores tradicionales y dieron énfasis a otro clásico europeo, la cerveza, con principal foco en las etiquetas belgas, un favorito de los amantes de la birra.

En esa época ambos estudiaban kinesiología, pero poco antes de que su padre comprara el ‘Crudos’, Patricio había desertado para cambiarse a gastronomía. Ricardo terminó su carrera pero en el camino también se le cruzo este pequeño pero acogedor restaurante y luego de ayudar a su padre y su hermano terminó siendo su socio y administrador a tiempo completo.

Para estos hermanos la clave del éxito tiene dos ‘patitas’ por un lado mantener la calidad de la comida con insumos, ingredientes y proveedores de primera y por otro la buena onda que han logrado generar con sus clientes a través de los años.

“La cercanía que tenemos con nuestros clientes no tiene precio. Nos hemos hecho de amigos, tenemos grupos de Whatsapp con otros, etc. Eso trae puras cosas buenas. La mayoría de los clientes no sólo vuelven sino que además nos recomiendan por eso, por el ambiente y la onda que se vive en este local. Somos un restaurante familiar atendido por sus propios dueños y eso a la gente le gusta”, comentan los Ramírez.

Pero cuando partieron no había mucha oferta de este tipo en Concepción, por lo que tomar el barco fue una verdadera apuesta.

“En 2008 nadie acá conocía o comía crudos, eran sólo conocidos y hasta famosos en el sur. Fue algo innovador y una apuesta difícil de asumir, pero que afortunadamente nos hizo ganadores. Al principio la gente llegaba preguntando ‘qué es un crudo’ y nosotros nos dábamos el tiempo de explicar todo, cómo se prepara, las formas más comunes para comérselo, etc. cosa que seguimos haciendo cuando alguien viene por primera vez sin tener mucha idea, y eso es algo que también nos agradecen mucho porque no todos se dan el tiempo de hacer eso”, relata Ricardo.

Mantuvieron la esencia del restaurante, sirviendo sólo crudos de carne durante un buen tiempo aunque luego fueron sumando alternativas pero siempre bajo el concepto de preparaciones crudas.

“Nunca hemos querido hacer sándwiches o pizzas o algo por el estilo. De hecho aquí ni siquiera hay una cocina con quemadores, nuestra idea fue agregar otros platos a la carta pero que fueran crudos, así hicimos los ceviches, los tártaros, etc.”, explica Patricio.

En estos casi 12 años los muchachos han visto un crecimiento constante que se refleja incluso en la cantidad de mesas del restaurante: comenzaron con 7 y hoy, sumando segundo piso y terraza, ya tienen 16. Pero detrás del éxito también hay otra cara.

“Esto ha significado mucho sacrificio, es verdaderamente sacrificado tener un restaurante. Parece que no, porque abrimos de 7 de la tarde hasta las 12 o 1 de mañana, pero la verdad es que estamos desde la mañana en función, haciendo compras, mise en place, viendo las cuentas, los proveedores, de todo, para que funcione hay que estar ahí y ser constante, eso es clave.

Uno muchas veces se pierde cosas importantes como cumpleaños, matrimonios, celebraciones familiares por estar acá , pero al final tiene recompensa… nos ha ido bien”, dicen orgullosos.

ESTRATEGIAS ‘POCO CONVENCIONALES’

“Nuestra identidad es que si una persona vino a comer por ejemplo hace dos años, puede volver hoy y va a seguir probando los mismos sabores con la misma calidad, no tranzamos en eso, usamos lo mejor siempre, no marginamos así, nos mantenemos fieles a lo que es Crudos Valdivia y a sus clientes”, apunta con firmeza Patricio, el chef.

Pero esa es sólo una de las varias tácticas que utilizan los Ramírez que no son tan comunes en el mundo gastronómico actual y esa más algunas incluso traspasaran los límites culinarios, generando sorpresa hasta en los más experimentados, sabios y recorridos comensales.

Una de esas es la no aceptación, bajo ninguna circunstancia, de tarjetas de débito o crédito ( revelan que también hubo un poco de desidia al momento de la instalación de los equipos), haciendo de la confianza un factor clave, pues no sólo reciben efectivo como podrías pensar, sino que también transferencias incluso realizadas a posteriori.

“Les damos la opción de transferir y la gente dice ‘oye ¿y si no te pago?’ y sólo les respondo que van a perder más ellos que nosotros, porque nosotros perdemos el pedido, pero ellos no vendrán a comer nunca más. Dar esa confianza a los clientes los sorprende y los acerca, y tiene que ver con que somos una familia la que está detrás del negocio, que entiende y confía”, cuenta Ricardo, el administrador.

Hacer crudos no es nada fácil, sino mucho más complejo de lo que parece, indica el experto cocinero.

“La gente piensa que uno puede sacar un pedazo de carne, molerlo y listo. Que se puede congelar y dejarlo varios días, qué sé yo, pero la cosa no va por ahí. Tenemos algunos pequeños secretos que nos diferencian de la competencia, pero fundamentalmente lo que nos hace distintos es la calidad. Quizás no tenemos un restaurante moderno o muy grande, porque nosotros invertimos en mantener la calidad”, asegura.

“Los altos estándares de calidad en la selección de las materias primas con las que elaboramos los platos de la carta, nos aseguran satisfacer a cabalidad las expectativas de los paladares más exigentes de nuestros clientes”, comentan seguros y contentos los hermanos Ramírez.

LOS GOLPES DE LA VIDA

Tras 12 años en el local esta familia ha pasado prácticamente por todo. Vivieron el megaterremoto del 2010, cambios en la ley del tabaco, cambios en la ley de alcoholes, estallido social y ahora la gran pandemia de siglo.

“Siempre hemos estado aquí y seguimos en pie. Afortunadamente tenemos clientes de años que nos han seguido comprando y apoyando, seguimos fuertes gracias a nuestra gran clientela”, dice Patricio.

Ricardo agrega “creo que después de cada crisis que hemos vivido hemos salido más fortalecidos y esta no será la excepción. Por ahora estamos con el delivey y con retiro en local, que era algo que teníamos antes también, entonces para nosotros no ha sido tan complejo, porque no es algo nuevo para nosotros, la reinvención no fue tan difícil”.

Pero en la crisis como bien dicen los hermanos Ramírez surgen las oportunidades y así fue como decidieron embotellar su famoso Pisco Sour para seguir encantando a sus fanáticos.

Con el sabor y la calidad de siempre Crudos Valdivia se ha transformado en un verdadero estandarte de la gastronomía penquista, marcando pauta y abriendo camino para un plato que cada vez se hace más preferido por los penquistas, especialmente en este local ubicado en Pedro Aguirre Cerda 457, San Pedro de la Paz.

Actualmente están atendiendo de miércoles a Sábado desde las 17:00 a las 20:30 con el sistema de retiro en local que funciona como reloj. El delivery, por otra parte, debe ser programado con ojalá un día de anticipación, apuntan los dueños, pues se realizan en horarios determinados.

Los sabores del sur no se pierden por la pandemia, la calidad de Crudos Valdivia trasciende los problemas y los golpes del destino, dicen Patricio y Ricardo, que confían en que sus clientes seguirán prefiriéndolos y también en que esto pronto pasará pronto para, así, seguir soñando y entregando buena comida y cariño sincero a quienes los visitan.

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