Quema de camiones, ocupación de terrenos, terrorismo y militarización son términos que toman fuerza en los medios cuando se habla de la Araucanía y la provincia de Arauco. en medio de la pandemia y las cuarentenas el denominado ‘conflicto mapuche’ sigue escalando en violencia y muchos temen que llegue a más zonas urbanas como el gran concepción. discutimos esto, el origen y las posible soluciones con tres profesionales ligados al tema en el siguiente reportaje de revista rúa.

1 Diciembre de 1997. Comuna de Lumaco. Región de la Araucanía. Una fecha que muchos han olvidado pero que en los libros quedará como el resurgimiento y el giro a la violencia de un conflicto que ha perdurado no por décadas, sino que por siglos, el denominado conflicto mapuche. Esa noche, tres camiones fueron quemados por un grupo indeterminado de mapuches, un hecho que con el paso de los años se ha transformado tristemente en costumbre. Las motivaciones son múltiples y variadas, esa noche fue por el trato peyorativo de Carabineros (cuyas conversaciones radiales fueron interceptadas), hoy se habla de reconocimiento histórico, recuperación de tierras ancestrales y terrorismo.

Las últimas semanas se recrudeció el conflicto, tal como a mediados del 2020. Las víctimas, múltiples y diversas. Forestales, agricultores y los propios mapuche que han sufrido no sólo con muertes en procedimientos bastante cuestionados, sino que también con el prejuicio y la estigmatización.

Hace más de 30 años, desde el retorno a la democracia se viene hablando del tema, las ofertas han sido múltiples, las promesas aún más, pero lo cierto es que el conflicto sigue latiendo con fuerza en el corazón de la Araucanía y la provincia de Arauco. Las soluciones parecen no llegar pero ¿hasta qué punto podría escalar la violencia? ¿Podríamos ver quemas y atentados en centros urbanos más poblados? ¿Llegará el conflicto al gran Concepción?

¿CONCEPCIÓN BAJO FUEGO?

Para varios expertos el conflicto no es mapuche, sino que es entre el Estado, los mapuches y algunos sectores de la sociedad chilena. De acuerdo al abogado, historiador e investigador, Nelson Lobos, este está presente en nuestra zona desde comienzos de la década de los 80’, con la presencia de numerosas colectividades en apoyo de las reivindicaciones territoriales de varias comunidades.

“El conflicto tiene muchas caras, una de ellas, y la más conocida, es la de la violencia política, pero también existe la faz simbólica de la violencia. Diariamente el mapudugun, la cultura y la cotidianeidad mapuche intentan abrirse paso, y respirar, dentro de la hostil atmósfera cultural hispano criolla. Esto genera roces permanentes o la sujeción obligada de los mapuche a las formalidades, idioma y lógicas de la sociedad chilena”, apunta el entendido.

En cuanto a la violencia política- agrega Lobos- “acá en Concepción existen muchas organizaciones mapuche que apoyan permanentemente a los presos políticos mapuche y a sus familias, así como abren espacios de diálogo y de difusión de sus ideas. Igual cosa ocurre con los grupos de nuestra sociedad que se encuentran en conflicto directo con los mapuche de posturas más radicales, también tienen redes de apoyo en el Gran Concepción. El conflicto llegó hace décadas a nuestra ciudad pero pocos se dan cuenta porque no es un tema de interés permanente para la sociedad chilena que, además, lo relaciona sólo con la cuestión violencia política”.

Para la docente de la UDD y cientista política, Dra. Lesley Briceño Valencia, el conflicto no se puede analizar desde un contexto coyuntural de lo que ocurre en las últimas semanas en la zona denominada de conflicto, sino que hay que entenderlo como un fenómeno de muy largo plazo. En ese sentido si pensamos sólo en los últimos 30 años ha habido una serie de promesas incumplidas por parte del Estado Chileno que, de acuerdo a la especialista, han generado las instancias para que se produzcan por parte de ciertos grupos acciones violentas

“Si miramos el conflicto en términos generales va mucho más allá de lo que está ocurriendo en estas comunidades que han tomado las tácticas más violentas y más destructivas que lamentablemente son las que más llaman la atención y esos grupos están ubicados justamente en sectores donde hay conflictos con las tierras, con la venta irregular de territorio, donde hay problemas con las forestales o las empresas de generación eléctrica. Pero, si uno lo mira desde la ciudad también en Concepción y otras zonas urbanas hay una relación con las comunidades mapuches de la ciudad que también está al debe por parte del Estado, y probablemente en algún momento si se siguen obviando sus demandas puede surgir algún conflicto mayor, no necesariamente violento, pero donde se va a tener que negociar, sin lugar a dudas”.

“Las comunidades urbanas tienen una percepción algo más positiva de la relación con la autoridad, lo que no significa que todas las demandas hayan sido acogidas por porte del estado, y por tanto los conflictos no se han solucionado. Sin ir más lejos uno de las más importantes demandas del pueblo mapuche tiene que ver con el reconocimiento constitucional y por eso será un gran tema en la asamblea constituyente a partir del mes de abril”, agrega Lesley.

Por otra parte, Rodrigo Huechumán Mena, coordinador nacional de Evopoli Pueblos Originarios, siente la posibilidad cierta de que las acciones violentas se tomen los centros urbanos no es algo que se vislumbre a corto plazo.

“A la luz de la historia y los últimos hechos lo veo bien difícil dado que el foco de conflicto está dado en la provincia de Arauco y gran parte de la Araucanía y por otra parte Concepción siempre ha sido la frontera histórica, donde esta mixtura racial ha pasado a ser algo normal, con presencia de actores sociales tanto mapuches, como criollos, como chilenos, y no estimo que existan hoy por hoy las condiciones para que el gran Concepción se transforme en un foco de violencia como otras ciudades como Temuco, sin ir más lejos”.

LA HISTORIA INVISIBLE

Tal como apuntan las fuentes previamente citadas, la problemática se arrastra por décadas y la búsqueda de soluciones no ha llegado a buen puerto y en general siempre han sido similares.

“El sello desde Aylwin a Piñera dos, con la notable excepción de la gestión del Ministro Alfredo Moreno, ha sido bonos o beneficios del estado y la militarización de la zona, políticas cuyos resultados hablan por sí solos. Las víctimas del conflicto, que son los mapuche y grupos intermedios de la sociedad chilena, seguirán sufriendo sus consecuencias si el estado continúa optando por su fallida fórmula”, declara con fuerza Nelson, autor del libro ‘Wenuntiafiel afpuwulu mapu, el renacer de la frontera’.

Esa fórmula se ha repetido en esta oportunidad con el anuncio del presidente Piñera, quien en la última semana de febrero anuncio medidas apuntadas al endurecimiento del combate al terrorismo y la delincuencia en la zona, pero nada en relación a una solución al conflicto de fondo.

“Fueron varios los parlamentarios que en las últimas semanas llamaron al estado de sitio, el gobierno tomó medidas de fuerza en la zona y creo que no es el camino dado que significaría que ellos mismos no están cumpliendo su propia labor, sino que delegando todo en las fuerzas armadas y esto es un conflicto político-social, no uno que se solucione mediante el uso de la fuerza, es imperioso recuperar el estado de derecho, sí, pero las consecuencias de una eventual militarización sería un fracaso total de la democracia, un fracaso total de todos los actores políticos involucrados (gobierno, oposición y clase política en general) y las consecuencias serían impensadas para la gente que vive en el territorio y acrecentaría aún más la diferencia, la brecha, la polarización que se está viviendo en este momento”, dice con énfasis Huenchumán.

Si el estado sigue militarizando y sigue generando medidas de control vamos a probablemente a entrar en un espiral de violencia que no va a tener una respuesta rápida. Por otra parte las mesas de diálogo, comisiones y otras que han propuesto distintos gobiernos tampoco han llegado a buen puerto, porque no se pasa de las promesas, no se concretan las propuestas en políticas públicas. Y lamentablemente el llamado del presidente va en la misma línea de lo que siempre se ha hecho siempre. Si no se ve el conflicto desde una perspectiva política todo va a quedar en anuncios y nada más como ha pasado anteriormente.

La historia es larga y se remonta a la invasión militar chileno-argentina sobre el territorio mapuche independiente llamado gulumapu y puelmapu o waizuf mapu (Biobío, Araucanía, Los Ríos y Los Lagos y la Patagonia argentina Norte respectivamente).

“Mientras Arturo Prat Chacón se inmolaba saltando al abordaje sobre la cubierta del Huáscar el 21 de mayo de 1879, nuestro ejército, en cierta concomitancia con el ejército argentino, invadía a sangre y fuego el país de los mapuche instalando fuertes e imponiendo nuestras leyes. Terminada la guerra vino el proceso de radiación de los mapuche. Allí se crean las reducciones, hoy llamadas eufemísticamente comunidades, dejándosele a los mapuche sólo un 5% de su territorio”, explica.

En 1928 y 1932 hay dos declaraciones de independencia mapuche con petición al estado de Chile de retirarse al norte del río Biobío, todos esos mapuche fueron tomados presos. Hasta la década de 1970 el conflicto se trató de que mantener vivas las reducciones, de luchar contra las corridas de cerco y de recuperar tierras.

“Atendido a que los mapuche del siglo XXI, a diferencia de sus abuelos, viven en un contexto con acceso a información, muchísimos de ellos tienen plena consciencia de qué ocurrió realmente, de manera que, no obstante a que en la educación pública la guerra chileno mapuche sea un tema del cual no se hable, cada día hay más mapuche con consciencia de ésta. Los españoles no fueron “los malos” de su historia. Lo más probable es que la violencia vaya en incremento y el área en que está presente se vaya expandiendo debido, principalmente, a que cada vez hay más mapuche que están conociendo la historia previamente relatada, están más empoderados y tienen la convicción de la justicia de sus demandas. Sumado a lo anterior, la ineficacia del estado para enfrentar la situación política de la zona sólo empeora las cosas”, concluye el investigador.

¿HAY UNA SOLUCIÓN POSIBLE?

La violencia sigue escalando. Quemas de camiones y viviendas, ocupación ilegal de terrenos, sobornos, amenazas, temor. La Araucanía vive días complejos y todo en el marco de una pandemia sin precedentes y sin piedad. Urge entonces buscar soluciones y en el futuro cercano podría estar la respuesta.

En abril comienza el proceso constituyente que podría finalmente poner punto final o al menos pausa a este conflicto, dando reconocimiento y derechos a los pueblos originarios, incluidos los mapuche, pero de acuerdo a Lesley, sería sólo el comienzo.

“No se trata sólo de poner en el papel que existe el pueblo mapuche y que tienen ciertos derechos. Recordemos que Chile acogió el Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales, pero mucho de lo que plantea ahí nunca ha sido concretado en nuestro país, sólo como ejemplo las consultas indígenas y el propio trato a los pueblos originarios. Para que esto pueda funcionar primero se debe reconocer a Chile como un Estado Plurinacional y donde no haya una relación de poder asimétrica sino declarar que somos un país donde conviven todos los pueblos con horizontalidad, donde se acepten e incluyan las tradiciones, las cosmovisiones ancestrales y derivar desde esa mirada políticas públicas inclusivas”.

Pero no todas las miradas son tan positivas, para Rodrigo la intromisión de los grupos violentistas en el escenario ha sido una verdadera catástrofe de la que no ve salida oportuna.

“Estos violentistas enarbolan la causa mapuche para utilizarla para el beneficio propio y no representan al gran porcentaje del pueblo mapuche, que al igual que pueblo chileno, quiere paz, prosperidad, vivir en un ambiente sano y seguro. Muchas comunidades, muchos lof están cuartados y secuestrados por estas mismas personas que con el armamento que ocupan tienen amenazadas a las comunidades, esas cosas se deben condenar y perseguir, pero con labor de inteligencia, lo que hoy por hoy no existe. Lo que más reclama la sociedad es la impunidad con que se llevan a cabo estos atentados, ya se perdió la cuenta, van más de cuatrocientos atentados y sumando y nadie está siendo condenado, eso es lo que la sociedad reclama, la incapacidad de la fuerzas policiales y la complicidad pasiva de muchas fuerzas políticas que no condenan estos hechos”.

“Hay que generar acuerdos que se materialicen en acciones, si seguimos en esta ola de violencia en escala, con una impunidad tremenda, solo vamos a generar más violencia, más diferencias en una sociedad a la que ya se le agotó la paciencia y que quiere respuestas hoy y tener la legitima sensación de estar seguros y que no vengan grupos armados, al despojo, a la usurpación de territorios, a la quema. Hay deudas históricas, el gobierno se farreó la agenda indígena y ya no da a lugar en el relato y es lo que está pendiente hace más de 30 años, una agenda indígena efectiva, a la altura de las circunstancias para avanzar en temas políticos, sociales y económicos, y no dar lugar a los grupos más violentistas pero todo esto quedó al debe, en el tintero y hoy todo está supeditado a una agenda de seguridad. Pero eso no veo con buenos ojos el porvenir de todo este tema”, agrega el dirigente.

Finalmente concuerdan en que la solución está en el diálogo y el reconocimiento.

“Para mí, la solución está en tener una negociación política en igualdad de condiciones, entre el estado y las distintas organizaciones mapuche sin excluir a nadie y sin temas tabú, respetando los tiempos y formalidades de los mapuche, así como lo hicieron los españoles”, cierra Nelson Lobos sobre este centenario dilema que parece no tener pronta solución.

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