por Alejandro Reyes Schwartz, Abogado, candidato a Constituyente Distrito 20

Hace 2 años Chile era el país más próspero del vecindario, y ello era reconocido transversalmente; quien diría que hoy perdimos nuestra luz, estamos sumidos en diversas crisis, y bajo la amenaza concreta del populismo?

Si solo tuviésemos (como si fuera poco) la crisis pandémica mundial y sus múltiples secuelas (social, económica, psicológica, etc), como casi todos los países, la situación no sería tan grave; pero Chile además está en medio de un proceso constituyente (con los sueños y esperanzas inherentes a él) que introduce incertidumbre cuando se necesita estabilidad e inversión; además vivimos una crisis de desprestigio de las instituciones (públicas y privadas); además el Gobierno ha sido muy poco asertivo en muchas decisiones importantes; y para colmo de males, la elite política está lejos de dar el ancho: no respeta reglas ni atribuciones (difícil luego pedir que la ciudadanía lo haga), vía trampa busca cumplir sus objetivos, y es incapaz de ponerse de acuerdo en nada, ni siquiera en la forma de conversar: se mira como enemigo al que piensa distinto y como traicionero al que busca un entendimiento. Chile vive una verdadera batalla por “quien grita más fuerte”.

Todos escudan su conducta en la “falta de legitimidad de la constitución” y en la poca vida útil que le queda, como si no estuviese vigente o como si muchos de ellos no hubiesen jurado respetarla al asumir sus cargos; sin embargo, solo son excusas.

Perú en 2020 destituyo al Pdte Vizcarra por “Incapacidad Moral”, basado en un supuestos hechos de corrupción acaecidos mucho antes de ser Presidente, y respecto de lo cuales ni siquiera había juicio; Brasil en 2016 destituyó a la Ex Pdta Dilma Rouseff, apurando un proceso de acusación constitucional, lo que para muchos fue un “golpe blando”, cuyo objetivo era “sacrificar a la Presidenta” para evitar que el “Caso Odebretch” siguiera avanzando entre políticos involucrados; España en 2019 estuvo 425 en 3 años sin poder formar Gobierno, porque los partidos nunca se pudieron de acuerdo, en base al sistema de la constitución de 1978, construida en democracia, al igual que en los otros ejemplos citados.

Veíamos de lejos las crisis políticas de países hermanos, y sentíamos que el populismo y la mala forma de hacer política no golpearía nuestras puertas: Chile era un país serio. Ahora la crisis la tenemos nosotros.

Vamos a tener Nueva Constitución, y me la voy a jugar porque sea un buen texto, sin embargo, nuestra crisis es mucho más política que constitucional: Aunque tengamos una carta fundamental de lujo, si la actitud de las elites (de todos los colores) sigue igual, estaremos legos de un futuro esplendor. Quiero invitar a todos quienes estamos en política a tener una mejor actitud, y a la comunidad social a exigirla. Chile lo necesita.

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