El abogado chillanejo/penquista Remberto Valdés se ha hecho un nombre en la escena judicial chilena gracias a sus defensas en varios casos emblemáticos como la contaminación de Enap en Quintero o la corrupción en luminarias públicas. En la escena social penquista es reconocido por su carisma y también por su cercana colaboración en la película de los 33 mineros (sí, la de Antonio Banderas) y por sus aportes al mundo de la cultura. Pero detrás de este abogado hay un alma libre y apasionada, inspirada por la literatura, el arte, la cocina y sobre todo la música, su gran amor…junto con sus hijas. Remberto nos abre las puertas de su casa. Una conversación amena sobre lo humano, lo divino, su logros y legados desde lo profesional y los sueños de un hombre multitareas e intenso como pocos.

El nombre Remberto Valdés, sin duda, es uno que ha dejado huella. El primero en dejar su impronta fue el alcalde de San Ignacio, comuna hoy de la actual Región de Ñuble, en la que una calle lleva su nombre a raíz de sus grandes aportes.

Su hijo, Remberto Valdés Rodríguez se transformó en uno de los abogados más reconocidos de la zona, siendo abogado de la Gobernación e integrante de la Junta de Socios de la UdeC además de participar como socio activo de Bomberos y otra serie de instituciones de beneficencia. De su matrimonio con Patricia Hueche nacen tres hijos: Alfonso, María Luisa y el mayor Remberto. Este último es hoy por hoy uno de los abogados de mayor relevancia en Chile, siendo representante de una serie de casos de gran revuelo nacional, pero detrás del serio defensor hay un hombre sensible, diverso, artista y sobre todo intenso.

Es Remberto Valdés Hueche, el tercero de una generación de hombres que ha dejado huellas en nuestro país por sus valiosos aportes. Es el abogado, padre, artista, cocinero, conductor de un programa de televisión. Un multifacético e intensamente intenso hombre que nos abrió las puertas de su departamento para hablar sobre su vida, sus sueños y sus grandes amores en la vida: la música clásica, sus hijas y más.

Partimos por la cocina, otra de sus fascinaciones con un estilo, que con humor, define como gourmet rústico (en el fondo rico pero desordenado). Mientras corta ingredientes para el almuerzo, que en realidad huele bastante bien, recordamos parte de su pasado y vamos, cual cebolla (como diría Sherk) sacando y descubriendo las capas detrás del abogado.


INFANCIA MUSICAL Y FELIZ

Nacido en Chillán, Remberto tuvo una infancia feliz rodeada de vecinos y amigos y siempre muy cercana a su familia, pero sobre todo al arte y especialmente a la música.

“Mi infancia es Chillán…jugar en la calle con los vecinos y vecinas, a las escondidas, a las naciones, a las polquitas, ir al colegio, aprender música clásica, cantar desde niño, hacer pequeñas giras dentro de Chile para poder compartir con niños especialmente con niños de situación modesta y poder llevar música clásica a poblaciones populares y algunos escenarios relevantes de la zona centro sur”, recuerda con añoranza.

“También fue una niñez muy cercana a los libros, a la música y a la pintura gracias a mi madre que es muy sensible a todas las artes y mi padre también muy amante de la literatura. Recuerdo que tenía una excelente biblioteca y en mis tiempos donde había un solo canal de televisión y monitos limitados al día, la verdad es que las entretenciones con mis hermanos eran jugar, estudiar, leer mucho, sobre todo en invierno y hacer música clásica de lunes a domingo. Teníamos ensayos diarios, de dos horas, el sábado de 11 a 13 y los domingos tocábamos en misa”, dice entre risas Valdés.

Hijo del reconocido abogado y gran tenor dramático Remberto Valdés Rodríguez y de una excelsa bailarina de ballet y gestor cultural, Patricia Hueche, tenía genes para destacar y mientras era alumno del Colegio San Buenaventura de Chillán Remberto fue parte de presentaciones de destacados músicos como Fray Ramón Ángel Jara, Claudio Arrau, Ramón Vinay y Roberto Bravo, fue galardonado con el Premio Municipal de Arte y parecía que su carrera en el mundo de la música clásica no tenía límites.

Así el canto lírico se fue haciendo su gran amor y pasión al punto que su gran sueño era ser cantante de ópera. Su talento fue reconocido incluso por el mismísimo Claudio Arrau, lo que le valdría la posibilidad de optar a una beca en Estados Unidos, pero Dios quería otra cosa para él.

“La verdad es que yo estudié derecho un poco por descarte. El primer año que entré a estudiar derecho lo único que yo quería era ser cantante de ópera y cuando finalmente las cosas no se dieron, porque no resultaron algunas becas relevantes que pude haber obtenido para estudiar en Estados Unidos (nada más y nada menos que en la Juilliard School of Music de Nueva York), terminé la carrera con una linda vocación, pero mi gran interés en la vida fue ser cantante de ópera. Hoy sigo estudiando canto permanentemente, practico desde que soy niño, desde los 8 años, toda mi vida está vinculada a la música, a la literatura, a la pintura, al arte en general”, dice con sinceridad y sonrisas el profesional de las leyes.

Pero Remberto no guarda frustración, ni remordimientos, ni rencor.

“Más que el destino yo creo en Dios, así que Dios va colocando en nuestra vida una serie de situaciones positivas o negativas y frente a las negativas hay que superarlas con fe, optimismo y mucha fuerza. Tengo una vida llena de amor, soy padre de tres hijas 21, 18 y 16 años: Rosario, María Gracia y Renata, ellas llenan mi vida. Tengo una familia cercana que nos amamos profundamente y nos apoyamos, así que me siento muy orgulloso de lo que Dios me ha regalado para la vida… y lindos amigos por cierto”.

AMOR INCONDICIONAL

Como muchos de nosotros, este hombre se define sin miedo como “mamón” y agradece que su madre siga viva para seguir disfrutando de ella.

“Mi madre siempre ha sido en esta vida una mujer maravillosa, una mujer adorable, de una ternura infinita, de una dulzura admirable con una fineza frente a las artes y un amor por la naturaleza. Siempre nos inculcó la idea de construir familia y una sociedad armoniosa”, recuerda.

Su padre partió hace 7 años, pero guarda los mejores recuerdos de él, sobre todo esas tardes en Chillán cantando juntos al ritmo de sus boleros favoritos.

“Mi padre era un hombre de un carácter muy agradable, muy sociable, no sólo en el ejercicio de su profesión de abogado, sino como ser humano, siempre construyó armonías, así que él estaba en el mundo de la paz. Cuando uno es niño admira a sus padres, a sus ascendientes, a mis abuelos, a mi ‘Ita’ principalmente, mi abuela materna, yo era muy apegado a ella, una mujer muy delicada, muy armoniosa, amante del yoga, del naturismo y la meditación. Todo ese tipo de cosas me hicieron crecer en un ambiente en el que se buscaba la paz”, recuerda con nostalgia.

También es cercano a sus hermanos Alfonso y María Luisa, pero quienes realmente le quitan el sueño son sus hijas, quienes viven en Santiago hoy por hoy.

“Yo soy divorciado hace poco más de 15 años, mis hijas viven al igual que yo entre Concepción y la capital, pero fundamentalmente allá que es donde cursan sus estudios. Mi hija mayor va en cuarto año de derecho, así que no tengo ninguna duda de que algo se les pegó y la del medio va a un colegio especial para artistas allá, así que algo les dejé, La Renatita, la más pequeña va en segundo medio y desde chica le gusta pintar, así que espero que tanto la veta humanista como la artística estén en su futuro y es probable que así sea”, dice entre risas.

“Nosotros hacemos mucha música con mis hijas, nuestras reuniones son siempre musicales, tengo unos buenos parlantes, varios micrófonos, un buen atril, una buena guitarra y una linda base de música donde vamos peleándonos el micrófono y vamos cantando desde temprano en la tarde hasta temprano en la madrugada, somos una familia muy vinculada a la música en general y yo me encierro los fines de semana a cantar con mis hijas, eso es muy habitual, que hagamos mucha música” dice muy alegre el padre de tres hijas.

El abogado nacido en Chillán ya lleva 35 años en la ciudad de Concepción y desde que sus hijas se fueron a vivir a Santiago, hace una década, para poder verlas lo más posible está permanentemente entre ambas ciudades, e incluso instaló una oficina profesional en la capital nacional. Además con las nuevas posibilidades virtuales la cercanía con sus hijas es mayor.

UN FANTÁSTICO MUNDO LLENO DE OPCIONES

Lo cierto es que Remberto es un tipo inquieto y creativo, que no sólo limita sus actividades al mundo de la abogacía.

Uno de esos desafíos tiene que ver con la televisión donde realizó un programa en plena pandemia.

“Fue algo muy entretenido, tenía horas desocupadas, estaba encerrado, sin poder ver a mis hijas ni abrazar a mi madre durante seis meses, así que partí con unos programas online que les fue bien e hicieron que llegáramos a Canal Regional con una segunda temporada y ya estamos preparando una tercera debido al éxito que ha tenido ‘Líderes en Pandemia´” nos relata orgullo.

“Las comunicaciones son un mundo extremadamente apasionante y me producen mucha atención sobre todo desde que tuve el privilegio de poder estudiar en Estados Unidos y trabajar en los efectos de la comunicación masiva respecto de los conflictos sociales y de los juicios mediáticos, casos como el de OJ Simpson, Michael Jackson, grandes mafiosos, políticos o empresarios importantes, etc., hacen que las comunicaciones tengan una relevancia mayor que cualquiera de las áreas. Las redes sociales son un hecho, no son un anhelo ni un deseo ni algo que pueda apreciar o despreciar, son y por lo tanto uno tiene la obligación de sentirse cómodo en ellas para los efectos tanto laborales como personales. Es increíble porque hay una instantaneidad en la información en tiempo real, o sea un juicio en Hong Kong puedo verlo ahora en Chile, en directo, a través de mi celular” agregó.

Pero esta no es su primera incursión en el mundo del entretenimiento. Hace algunos años participó en torno a la película “Los 33”, sí, esa cinta protagonizada por Antonio Banderas que revisitó la historia de los 33 mineros chilenos que quedaron atrapados bajo tierra durante 69 días en la mina San José en el año 2010, y cuya resistencia y supervivencia conmovió al mundo entero.

“Por esas casualidades de la vida uno de los mineros era de Talcahuano, mi querido amigo Raúl Bustos, que tiene una señora maravillosa que lo acompañó desde el primer momento, cuando aún no se sabía si estaban vivos y ella me pidió ayuda jurídica. Cuando ya sale de la mina conozco a Raúl y luego a Juan Illanes de Chillán y con ellos dos nace la idea de llevar este relato a nivel mundial y junto con otro grupo de abogados trabajamos en el proyecto de propiedad intelectual y finalmente pudimos llevarlo a Hollywood y hacer la primera película chilena con nombre Hollywoodense, más un libro que ganó un premio Pulitzer, que ha sido traducido a más de 12 idiomas, eso es un éxito sin ninguna duda a nivel profesional y un hermoso desafío que tuve la posibilidad de asumir” apunta el orgulloso abogado.

Pero sus intereses no terminan ahí hace algún tiempo abrió junto a varios miembros de su familia espacio RV, un espacio de CoWork que busca entregar a la ciudad de Concepción un espacio de encuentro para profesionales de todas las áreas, marcado por la cercanía y el diseño.

¿Pero de dónde saca tiempo para todo eso?

“Soy un hijo intelectual de Fernando Saenger, un gran abogado a quien siempre reconozco públicamente y nunca dejaré de hacerlo, así que mi lema es ‘orden y disciplina’. Mi día comienza a las 6 de la mañana, parto con algo de ejercicio no para estar estilizado como un Brad Pitt, pero sí para no tener tanta guata- dice entre carcajadas- y tener salud y energía y ya a las 8 llevo como una hora de trabajo, todo gracias al orden y la disciplina y eso en todos ámbitos de la vida”.

NO PODÍA FALTAR EL ABOGADO

Es desde la abogacía que Remberto Valdés también ha logrado dejar huellas y un legado importante a quienes ha defendido, porque detrás de este multifacético hombre hay un profesional reconocido que ha liderado importantes casos de nivel nacional, de gran impacto social, sirviendo a Instituciones Públicas como el Ejército de Chile y el Consejo de Defensa del Estado, además de instituciones privadas, pero es a través de su formación académica y valórica, que también, ha tomado la posta, generando actividades de apoyo para el desarrollo de programas culturales que promueven la expresión artística gozando de su innegable talento, iniciativas a lo largo de su vida que lo hicieron recibir en 1982 la máxima distinción comunal con el Premio Municipal de Arte en Chillán.

Hoy por hoy es el director de la firma, Remberto Valdés Abogados y acreedor de una importante trayectoria profesional tanto en nuestro país como en el extranjero con diversos estudios de postgrados que lo han llevado a desarrollarse desde la vereda de la academia, social, cultural; asesorando a países como Argentina, Paraguay, Colombia, Panamá y Estados Unidos siendo incluso docente de universidades extranjeras como la Universidad Católica de Rosario, al otro lado de la cordillera y en Santiago de Cali, UDES de Bucaramanga en Colombia.

Con casi dos décadas dedicado a la abogacía, Remberto, señala que dentro de su vida profesional ha debido ver casos que lo han marcado.

“Hay muchos casos que me han marcado, algunos que han sido tremendamente dramáticos, como querellarme criminalmente contra un hombre que asesinó y violó a una niñita de 5 años que en aquella oportunidad pedimos pena de muerte, porque que estaba vigente y fue terrible, doloroso, en ese tiempo recién había sido papá de mi primera hija, debe haber tenido menos de un año, así que quedé tremendamente conmovido. Lamentablemente ese tipo de situaciones se siguen repitiendo en nuestro país con mayor frecuencia de lo que uno quisiera. He tenido otros casos muy felices donde, por ejemplo, hemos podido ayudar a niños con enfermedades crónicas irreversibles, cuyas isapres no responden a las atenciones domiciliarias, hemos ganado finalmente y estos niños han podido tener una mejor calidad de vida. De esos pequeñitos ya tenemos dos en el cielo y no tengo duda que nos ayudan a sobrellevar nuestra profesión con mucha alegría y dedicación y también otros tantos juicios emblemáticos como ayudar a más de 1500 personas envenenadas por la contaminación de la empresa nacional del petróleo en Quintero que aún está en tramitación y que ya tenemos 7 y que probablemente sumará 10 formalizados en esa causa; ayudar a combatir la corrupción como querellante en el caso LED desde Chillán o el caso Más Vida, entre varios otros”, cuenta Valdés.

“En esta profesión de abogado cuando se asumen desafíos de esta naturaleza se van dejando heridos en el camino y hay personas, algunas con poder, otras con no tanto, que a uno le tienen franca antipatía y que llegado el minuto evidentemente te pasan la cuenta, pero el único modo que conocemos de enfrentar esta profesión es la valentía, así que ese tipo de situaciones como amenazas o amedrentamientos no hacen más que elevar nuestras ganas de intentar ser una ayuda real y buscar la justicia para nuestros clientes. Pero, en definitiva, el abogado juega un rol fundamental en la sociedad, en la construcción de la paz entre los seres humanos”

Sin duda un hombre que ha marcado el quehacer jurídico en los últimos años, dando siempre la cara a causas nobles, un hombre de convicciones firmes, que más allá de su rol de abogado ha sabido forjarse una rúa de la mano de su familia, del amor, de Dios, de la fe, de la música, el arte y una profesión a la que llegó por rebote, como él mismo confiesa, pero que ha llevado a cabo con una vocación envidiable.

Pero sus intereses no terminan ahí, se define además como un gran gozador de la vida.

“Me encanta cocinar, compartir con amigos, viajar, soy un gran viajero. Yo me siento un hombre bendecido por Dios, lleno de amor, de proyectos, todos los días me levanto con ganas de hacer cosas y en la noche me duermo en general con la idea de que fue un regalo ese día, y cada día agradezco a Dios la posibilidad de ser feliz y ayudar a otros. La clave está en trabajar con honestidad y fuerza, hacer lo que uno quiera y apasione, buscar a Dios y la felicidad en cada una de las cosas simples”, confiesa Remberto, el hombre inquieto, el hombre multifacético, intensamente intenso, que sueña aún con ser cantante de ópera y que de la mano de su familia y amigos ha encontrado la felicidad en un mundo cada vez más complejo.

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