Un bebé es un milagro único e irrepetible. Un bebé hace los días más cortos, las noches más largas, el amor más fuerte y el hogar más feliz, son frases clásicas pero no por ello menos ciertas.

Lo cierto es que la llegada de un nuevo integrante al hogar trae consigo un montón de nuevos desafíos y numerosas tareas y bien lo sabe Jacqueline Herrera, quien durante la pandemia decidió emprender en el mundo de la ropa y accesorios para bebé producto de su propia experiencia.

La Ove Bee partió por una necesidad, cuando quede embarazada en pandemia empecé a necesitar ropa de bebé y ropa de niño para mi hijo de cinco años. Yo no iba al mall, no salía a comprar y en las tiendas no siempre encontraba lo que quería, yo buscaba algo distinto, algo más exclusivo. Así empecé a buscar distintos proveedores, gente que confeccionara ropa, etc., y empecé a comprar tanto como para Martín, como para Leonor, que venía en camino. Como la ropa de niña es una locura, entre accesorios, vestidos, blusas, que sé yo, empecé a comprar muchas cosas y ya no sabía qué hacer con tanto y empecé a venderla, primero a los amigos, los vecinos, después un poquito el barrio y me fue súper bien y me empezaron a pedir más cosas de las que yo ya traía”, recuerda Jacqueline.

“Así fue tomando forma, además me gustaba mucho el armar cajitas de regalo, preocuparse de los detalles desde el aroma hasta el diseño y la presentación, agregar un chocolatito para la mamá que está esperando, etc., esas cositas fueron marcando la diferencia y haciendo crecer este emprendimiento. Había una necesidad de comprar regalos para bebés, para niños, estábamos en pandemia, en cuarentena, nadie quería salir, queríamos todo cerca y listo y Ove Bee era una solución, además después también comencé a repartir a domicilio y así crecí y crecí hasta que llegó el momento en que las compras en mi casa ya no entraban”, agrega entre risas esta carismática emprendedora.

Tal cual, con el paso del tiempo muchas más personas empezaron a pedirle productos y cajas de regalo para baby shower, cumpleaños y todo tipo de eventos relacionados con bebés, a tal punto que la sala de estar de su casa pasó a ser bodega y así nació otra necesidad: encontrar un espacio físico para poder atender a sus creciente número de clientes.

“Mi marido (Tomás Stüven) me dijo ‘o paramos de comprar o definitivamente tratas de establecerte en algún lugar’ y decidí concretar mi sueño, sacamos los cálculos y a pesar de mis temores, mi marido me dio el apoyo y lo hicimos”, cuenta con emoción la fonoaudióloga de profesión.

“En ese momento en San Pedro de la Paz no había nada, ninguna tienda con variedad de ropa para bebés. La pandemia pasó un poco, la gente empezó a salir y era el momento ideal para dar el paso y fuimos los primeros en atrevernos a poner una tienda física con ropita para los más pequeños del hogar. Sin embargo nunca dimensioné lo difícil que era abrir una tienda, tanto en tiempo como en recursos, son muchos detalles, encontrar gente de confianza, maestros, el mismo arriendo del local fue engorroso, tuve que insistir mucho y de un día para otro dio luz verde y empezamos de cero, pero gracias a Dios todo se dio una forma muy bonita, muy especial y logramos darle vida a este proyecto”, añade.

En la tienda encontramos ropa para bebés desde la talla prematuro hasta niños talla 10, accesorios y regalos para eventos y si hay algo que caracteriza a La Ove Bee es la calidad, es que cada uno de los productos que llegan a las vitrinas y estantes del hermosamente decorado local pasa por un control de calidad exhaustivo realizado por su propia dueña que los prueba con sus propios retoños de 1 y 5 años.

“Todo ha ido de menos a más, lo bueno es que yo puedo ofrecer a los clientes es que toda la ropa que traigo, todos los productos que vendo han sido probados por mis hijos, entonces sé cómo es la calidad, eso es un plus porque cuando ofrezco algo lo ofrezco con base, esa certeza que puedo entregar es con convicción porque yo ya lo he probado”, asegura Jacque.

Todo esto comenzó sin embargo, algo antes, cuando Jacqueline tejía mantas de lana 100% natural de oveja, de ahí el nombre, La Ove, que luego mutaría a la Ove Bee.

“Cuando partió la pandemia mi proveedor de lana cambió la calidad de las lanas y como estábamos en cuarentena no podía buscar otros proveedores de lana así que bajé el telón porque no podía tranzar en calidad, que era lo que ofrecía a mis clientes. Pero quise dejar el nombre, así que dimos el giro hacia La Ove Bee, como un juego de palabras, primero por bebé, segundo con dos e, por un lado porque la oveja hace bee y después bee en inglés de abeja, así como oveja-abeja y todo tiene que ver con los estándares de calidad, que es algo que no tranzo y ese es mi punto de partida, por eso mantuve La Ove, porque era un sinónimo de hacer bien las cosas y con materia prima de las más alta calidad, sino simplemente no lo hago”, dice con convicción la dueña.

DEDICACIÓN Y DETALLES

Aunque se pueden comprar los productos al detalle, el mayor éxito de La Ove Bee tiene precisamente como protagonista a los packs que ofrecen y/o arman dedicada y delicadamente para ocasiones especiales como babyshowers y cumpleaños.

Por otra parte, Jacqueline ha querido crecer incorporando a su catálogo una gama amplia de ropa de confección propia y además han importado prendas de la reconocida marca Janie and Jack directamente desde Estados Unidos.

“Mis precios nunca fueron excesivamente caro, aquí puedes armar cajas desde los 15 mil pesos y hasta los 50 mil, siempre busqué mantener precios no excesivos por productos lindos y de calidad. Próximamente vamos a agregar más productos de confección propia, para poder hacer prendas a pedido, a medida, en las tallas que sean necesarias y además traeremos marcas más exclusivas y eso también nos va a permitir ofrecer un abanico más grande de productos y con valores para todos los gustos y bolsillos”

Finalmente Jacqueline asegura que “la confianza que la gente deposita en mí y en la calidad de los productos es algo que no tranzo en la Ove Bee, a mi me interesa por sobre todas las cosas que el cliente quede tranquilo y conforme, si llega a fallar algo, que puede pasar, mis clientes pueden tener la seguridad de que van a tener una solución, ya sea la devolución del dinero o cambio por otro producto, cuido que el cliente quede conforme con la experiencia aunque yo no gane, el sello es la calidad y que todo el que entre viva una experiencia satisfactoria y eso es algo en lo que constantemente estoy trabajando, por eso tenemos un espacio para los niños para que los papás puedan comprar tranquilos mientras sus hijos pintan o juegan, tenemos una cafetera para que puedan tomarse algo calentito, tenemos globitos y regalitos para los pequeñitos, la idea es que más que una tienda sea una experiencia completa”.


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